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El fotolog de Inma Serrano y seguidor@s
CD: Polvo de estrellas

Portada quinto cd "Polvo de estrellas", es un cd + dvd grabados en directo y con banda el 10 de Julio de 2006 en el teatro Reina Victoria de Madrid. El realizador del dvd fue el tambien actor y presentador Carlos Castel y las fotos del folleto y carátulas fueron realizadas por la prestigiosa fotógrafa Ouka Leele y sus alumnos. La única canción de estudio es "Te esperaré una vida" que se añadió al disco como un Bonus Track. Algunos tuvimos la suerte de poder asistir como público invitado a la grabación del directo, fue genial.

A los coros y voz le acompañó Vivian Siles, Toto Oñate coros y percusión, Juan Carlos Mendoza al bajo, Carmen Estévez percusión, El maestro Juan Calleja a la guitarra, David Hyam a la batería, Marco Rasa teclados, piano y programación.

Este cd ve la luz de nuevo de manera independiente con un nuevo sello discográfico tambien de nombre Polvo de Estrellas.

Con este trabajo llega hasta ciudad de México donde tambien gusta y se vende. Varias veces al año viaja hasta allí a promocionarlo y a tocar en directo en legendarios lugares como por ejemplo en el foro bar-teatro Bataclán.

Este directo lo dedicó a la memoria del prestigioso artista cantante, compositor, considerado amigo y maestro Miguel Gallardo. Al cual está muy agradecida por todo lo que le aportó en vida.

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Videoclip oficial de la canción "Mi amor". La canta con Mai Meneses de Nena Daconte.

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Single: Mi amor (CD: S.C. & P.J.)

Carátula single "Mi amor". Pertenece al cd "Soy Capaz & Pequeñas Joyas".

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LA PRUEBA - JESÚS SÁNCHEZ JURADO

(Jesús me sorprendió muy gratamente el día que me dedicó esta genial historia, creación suya, que acompaña a la foto de la entrada del parque de Oromana también realizada por él. Sabía que las historias de intriga me gustan. Con final feliz aun más. Por un momento creí formar parte de la historia viviéndolo como si fuera la protagonista. Ha sido todo un honor. Muchas gracias Jesús, tu también has acertado de pleno. Aquí lo expongo como recuerdo del momentazo.)


Publicada el 13/12/2007 a las 09:42

LA PRUEBA

(A mi querida anfitriona ISFANS)

La cerradura estaba rota, como ya lo sabía, y tuvo que empujar con todas sus fuerzas para arrastrar la puerta sobre el sucio suelo hasta que pudo entrar; después se recostó sobre la misma y empujó hasta cerrarla y encendió la linterna de bolsillo que se había llevado, cuya tenue luz no llegaba más allá de unos escasos cuatro metros. Nunca había estado dentro, pero sabía cómo era la casa, de modo que repasó el mobiliario mientras sentía cómo el miedo se clavaba en la boca de su estómago. Tragó saliva y avanzó; por mucho miedo que tuviese, estaba decidida. Rodeó la mesa que ocupaba todo el centro de la cocina y llegó a la puerta que daba acceso al pasillo, a cuyo final estaba la escalera.

Una de las habitaciones daba a un pequeño servicio en cuya pared frontal había un gran espejo. Se quedó parada mirándolo y proyectó la luz de la linterna sobre sí misma, para verse, y el espejo –no sabía si estaba más sucio que roto- le devolvió una imagen desconocida. “¿Qué hago aquí?”, se preguntó y por un breve momento miró hacia atrás, deseando irse; pero mantuvo la vista firme en el cristal y avanzó unos pasos, los suficientes para que la imagen se hiciera más nítida; y se vio como nunca antes se había visto, vestida con un chándal oscuro, que le quedaba muy ancho, y un gorro de montaña negro, ambos de su hermano. Volvió al pasillo y lo recorrió hasta el final, donde, a un lado del recibidor estaba la puerta principal, a otro la escalera y enfrente suya el salón. Subió. El crujido de un escalón bajo su peso la asustó, haciendo que saltara y emitiera un débil grito. Con el corazón más acelerado, siguió y, una vez arriba, se dirigió a la habitación central, un gran salón usado como biblioteca y que contaba con una gran ventana, en el que se puso a mirar por las estanterías que ocupaban las dos paredes laterales, cogiendo algunos libritos, hasta que se quedó observando más detenidamente uno que se guardó. Apagó la linterna y se apostó al acecho de lo que ocurría fuera.

La luz de la luna apenas penetraba dentro de la casa, pero la aprovechaba para mirar a su alrededor, por si veía alguna cucaracha. No podía evitar el asco que le daban. Pero aún menos le gustaba no ver ninguna. “Tiene que haber ratas, si no hay cucas es porque hay ratas”, se decía y su miedo se hizo aún mayor. Pasaron más de veinte minutos cuando una figura se movió fuera de la casa, aprovechando la sombra de los árboles. “¡Por fin, ahí está!”, pensó. La figura echó a correr hacia la casa y se perdió de vista. Después de echar un último vistazo al suelo ayudándose de la linterna, tiró del tupido cortinaje que quedaba a su lado de la ventana y comprobó que no había nada desagradable ocultó tras él, y se puso a escuchar atentamente.

Al poco, oyó la puerta de la cocina desplazarse sobre el suelo y poco después oyó el crujido del escalón de la escalera. Se ocultó tras la cortina y esperó, hasta que una figura masculina apareció en la entrada de la habitación, moviéndose con mucho sigilo y observándolo todo antes de hacer cualquier movimiento; se acercó a las estanterías y empezó a recorrerlas hasta situarse junto a la cortina; después se volvió y observó la mesa y las sillas, y avanzó dos pasos. Entonces, ella apartó silenciosamente la cortina y dando un grito se le lanzó encima, rodando los dos por suelo mientras él gritaba y daba manotazos al aire tratando de librarse de la presa que ella le había hecho al cuello, hasta conseguirlo, quedando encima y sujetándole los brazos.
-¡Daniela!
-¡Suéltame. bestia!
-¿Qué diablos haces aquí? ¿Por qué me has atacado?
-Yo no te he atacado, sólo te he dado un buen susto, para que no olvides tu iniciación.
-¡Tu no tenías que estar aquí! –soltándola.
-¿Ah, no? –mientras se levantaban los dos- ¿Y por qué me iba a perder cómo hacías la prueba de tu iniciación como hombre? ¿De qué tribu eras? Se me olvidó, ¿De los pigmeos? ¿De los indios?
-No digas tonterías.
-Pero, cuéntame, ¿eres ya un hombrecito o todavía has de pegar algún grito más?
-¡Calla: esto no es como tú lo cuentas! –sosteniéndose la mirada los dos.
-Pues explícamelo…
- Bueno…Se trata de... ¡Tu no lo entenderías!
-¿Ah, no? ¿Por qué no pruebas?
Justo entonces se oyó como unos cristales se rompían en la planta baja.
-¿Qué ha sido eso? ¿Tus amigos?
-No…eso iría en contra del ritual., de la….ellos no lo harían.
-¿Entonces, quién es?
-Shhhh, calla –acercándose al mirador de la escalera, tras la que permanecieron ocultos.
-Esto es una mierda – se oyó una voz. De mujer.
-No te lamentes tan pronto. Aquí tiene que estar y aquí lo tenemos que encontrar. Mira por ahí –le contestó otra de hombre.
-¿Quiénes son?
-No lo sé…Hay un matrimonio que está reclamando la casa, dicen que son sobrinos del dueño.
-¡Pero si murió y nadie sabe que haya dejado ningún testamento!
-Ni eso ni nada, nadie sabe absolutamente nada del viejo, no trataba con prácticamente nadie, sino que se pasaba casi todo el tiempo fuera. Pero esos han venido exigiendo la propiedad de la casa, y están en ésas.
-Aquí no se ve nada. Tendremos que volver de día y hacer un registro a fondo –dijo la mujer.
-No nos dejan. Tendremos que hacerlo de noche.
-¡Pero no vestidos así! –dijo, dándole una patada a una silla – Querías que fuésemos a alternar con esa gente y vaya forma de perder el tiempo, ¡son imbéciles!, no los han podido engatusar.
-Subamos.
-Ven –dijo, cogiéndola de la mano y tirando de ella, corriendo agachados hacia el final del pasillo- Entra ahí –Se trataba de un dormitorio, donde la cama de matrimonio, pegada contra la pared lateral, estaba sepultada bajo un montón de cajas de embalaje y algunos adornos apilados sin ningún orden ni cuidado. Entrecerró la puerta y siguieron escuchando.
-Jorge.
-¿Qué?
-Esto no me gusta…
-Ni a mí –la miró fijamente. Pero no te preocupes, enseguida se irán.
-Mira los libros, en cualquiera de ellos pudo ocultarlo: sabía encuadernar –se escuchó la voz del hombre.
-¡Son muchos!
-¡Hazlo! Yo miraré en las demás habitaciones.
-¿Qué hacemos? – preguntó con un hilo de voz- ¡cierra!
-¡Debajo de la cama, vamos! –cerrando la puerta.
-¿Ahí ¿ estás loco? –con los ojos desorbitados.
-¿Se te ocurre otro sitio? –se miraron y se precipitaron debajo de la cama, donde se pusieron, ella pegada contra la pared lateral, encogidos y apretados entre si.
Desde allí escuchaban cómo se iban abriendo las puertas y algunos ruidos procedentes del interior de cada habitación. Finalmente, el hombre llegó a aquel dormitorio.
Vieron sus pies, calzados con unos zapatos negros, que brillaban con la escasa luz que les llegaba procedente de la potente linterna que llevaba, acercándose a la cama. Sintieron cómo el colchón se movía sobre sus cuerpos cuando se puso a escudriñar las cajas. Una lámpara cayó al suelo, justo delante de sus cabezas.
-Esto es una mierda –dijo la mujer, entrando en el dormitorio con sus zapatos de tacón alto.
-Eso ya lo has dicho; sigue buscando –siguiendo buscando entre las cajas.
-¿Pero tu te has visto? Llevamos una ropa que no es precisamente para tirarse en el suelo, vámonos, mañana volveremos vestidos de otra manera –debajo de la cama, los dos tenían las caras muy cerca y sus ojos iban rápidamente del otro a los zapatos.
-Ya que estamos aquí, aprovechemos el tiempo –tirando otras cuantas cajas al suelo.
Por detrás de la cabeza de Daniela, una rata quería caer desde una de las cajas que el hombre había volcado. Jorge la vio; sus ojos iban de los de Daniela a la rata, sin saber qué hacer, mientras ella miraba los pies del hombre. Entonces, en el momento en que la rata caía, Jorge tiró de la cabeza de Daniela y la besó, mientras la rata pasó corriendo sobre las cabezas de los dos.
-¡Una rata! – gritó la mujer- ¡Para ya de tirar cajas, vete a saber cuántas más puede haber! –alejándose de la puerta, por la que se fue la rata.
-Está bien…Pero mañana volveremos. Cuando lo encontremos, voy a quemar esta casa- dirigiéndose hacia la puerta y saliendo tras ella.
Jorge dejó de besarla, mientras que Daniela lanzaba un grito mudo y se movía, dentro del estrecho espacio del que disponía, buscando dónde podía ocultarse otra, horrorizada. Cuando se tranquilizó, salieron y se acercaron a la puerta. No se escuchaba nada. Se miraron.
-¡Lo hice para que no gritaras! –se apresuró a decir, mientras ella no sabía dónde mirar.
Salieron de la casa cuidándose de ver vistos.
-Tengo que reunirme con los compañeros. No he pasado la prueba.
-Toma -tendiéndole el librito que se había guardado – Era esto lo que buscabas, ¿no?
-¿Pero…Cómo lo tienes tu?
-Vuestras tonterías no son ningún secreto. Mi hermano me las contó. Anda, vete, y a ver si has tenido suerte y te has convertido en un hombre –volviéndose y alejándose.
-Adiós…Hasta mañana…


Al día siguiente, Jorge estaba sentado en la plaza cuando Daniela salió de su casa. Lo vio y se sentó junto a él.
-¿Qué tal te sientes siendo un hombre?
-No superé la prueba –fingiendo indiferencia.
-¿Y eso?
-Te vieron cuando salimos; dicen que hice trampas y que…
-¿qué?
-Que fui contigo porque no tuve valor para ir solo.
-¡Pero tu sabes que eso es mentira!
-Si. Pero eso de pasar la prueba ya no me interesa.
-¡Entonces devuélvemelo! –tirando del librito y forcejeando con Jorge.
-¡No, me lo quedo, de recuerdo! –el librito se rompió y la contratapa se despegó, dejando caer un papel al suelo.
-¡Mira! ¿Qué es?
-¿Lo que esos buscaban? – el papel tenía escrito un número por una parte y el nombre de un banco por la otra.
-¡Jorge, esto si que es una prueba! –se miraron- Debes entregarlo a la policía, señalando con la cabeza hacia la cercana Comisaría.
-Si, creo que si… - se levantaron y empezaron a andar- Oye… ¿te gustó?
-¡No, la casa no me gustó nada, jamás volveré a pisarla!
-No digo eso…
-¿Ah, no? ¿Entonces a qué te refieres? Yo no recuerdo que pasase nada que merezca la pena recordar –parándose.
-¿No entras conmigo?
-No, es tu prueba, lo mismo te sirve para sentirte hombre…¡ya que no se te ocurre nada mejor! –volviéndose entre risas.
-¡Daniela, te voy a…!
-¿Qué? –mirándolo de reojo y sonriendo mientras se alejaba.

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DOS GUITARRAS ENTERRADAS EN LA ARENA - EDIBLAN

(Edu me hizo muy feliz el día que me dedicó este precioso cuadro de su colección pintado por él. Sabía que "Dos guitarras en la arena" me iba a gustar mucho debido a mi pasión por la música y sobretodo la de Inma Serrano y acertó de pleno. Ha sido todo un honor. Muchas gracias Edu. Aquí lo expongo como recuerdo del momentazo.)


Publicada el 11/12/2007 a las 23:39

DOS GUITARRAS ENTERRADAS EN LA ARENA.- PARA ISFANS

DOS GUITARRAS enterradas en la arena,
parecen estar cantando,
sin nadie que se las lleve.

óleo sobre cartulina

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isfans

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España

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