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La piel de zapa. Honoré de Balzac

Balzac publicó en 1831 La Peau de Chagrin (La piel de zapa, Alianza Editorial) por entregas, siguiendo los procedimientos de marketing del momento, y obtuvo un éxito comercial resonante que le confirió al escritor una incipiente notoriedad pública, superando la que ya tenía en exclusiva en ciertos minoritarios ambientes intelectuales parisinos. Sorprende todavía el hecho de este triunfo: no es una novela comercial al uso, ni en su argumento, ni en sus procedimientos, ni en sus significados.

Argumento sencillo, pero complejo al mismo tiempo. El protagonista –Rafael Valentín- atraviesa por periodos de su vida, conoce personas, se enamora de ellas, y enferma gravemente. Todo ello acompañado de un trozo de piel con poderes mágicos: en principio le proporciona cuanto anhela, pero, al mismo tiempo, se reduce cada vez más en función de la intensidad de los deseos.

Los procedimientos están al servicio de la historia: descripciones largas, repletas de adjetivos certeros. Ambientes meticulosamente desmenuzados, estados de ánimo, exclamaciones que provienen del interior atormentado de los personajes. A veces, todo es excesivo, una de las características estilísticas de Balzac, que insiste en explicar y en explicar, que da infinitos rodeos y parece complacido en darlos, aunque sea a costa, como le reprochaba Baudelaire, de hacernos perder el hilo y la perspectiva de unidad general de la obra. Novela, por tanto, de naturaleza dudosa, de complicada clasificación en la que París es más que una ciudad, una caja de sorpresas, un mundo a caballo entre la realidad y la ficción. Precedente, tal vez, de una literatura de ciencia ficción, que conjuga la profundidad de la filosofía con el inteligente entretenimiento.

video : https://www.youtube.com/watch?v=2zUWRmpAVFQ&feature=youtu.be

La significación: el sentido de la vida, ni más ni menos. Los caminos posibles para vivirla: despacio o deprisa, con intensidad, que contiene emociones, pasiones al límite de lo resistible, o sin ella. Es decir, a través de ese discurrir monótono de los días, sucedáneo de la existencia, rutinaria repetición de los mismos gestos, de las mismas costumbres. La eterna dicotomía entre la extensión y la calidad, como términos antinómicos en los que el ser humano suele debatirse y que a día de hoy no parece todavía tener solución. Como dice un personaje de la novela: “Matar los sentimientos para llegar a la vejez o morir joven aceptando el martirio de los sentimientos. Esta es nuestra sentencia”.

Pero ni el argumento, ni los procedimientos ni el significado agotan los valores de esta maravillosa y original creación artística, que nos seduce desde la primera página y nos obliga a reflexionar, que nos desorienta, nos ilumina y nos sumerge en una delectación literaria profunda, inolvidable y enigmática. Goethe dijo de ella que “era un ejemplo de la corrupción de la sociedad francesa”, y todavía se discute si estas palabras representan o no un elogio.

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Los cien libros de mi vida

Como estamos en navidad y todo el mundo saca a colación su lista de libros favoritos del año que concluye, me ha parecido el momento oportuno para confeccionar la mía. Pero he decidido que sea la lista de los libros que a lo largo de mi vida me han causado mayor placer.

Algunos son recientes. Otros llevan en la estantería desde hace décadas, y son, por tanto, objetos que me han acompañado en los penosos traslados, que han acumulado el polvo que yo he respirado. (Aclaro que no están en la lista por lo del polvo, sino a pesar de él…)

Unos y otros, los antiguos y los recientes, están aquí porque me acuerdo de sentir placer al leerlos, porque devoraba sus páginas hacia el encuentro de la resolución de sus conflictos, porque me sentí felizmente enseñado, o excitado, o enfadado, o provocado…, porque al leerlos algo en mí se removió y algo continúa removido desde hace días, semanas, meses, años…

No ha sido fácil confeccionar la lista, sobre todo al final. Al final he tenido que tachar y tachar hasta quedarme con los cien. Me dio hasta pena desembarazarme de maravillas, tal vez de libros mejores.

No están todos los que son, pero son todos los que están.

La arboleda perdida. Rafael Alberti.

Paula. Isabel Allende.

Dinero. Martin Amis.

El lazarillo de Tormes. Anónimo.

Trilogía de Nueva York. Paul Auster.

El palacio de la luna. Paul Auster.

El país de las últimas cosas. Paul Auster.

El libro de las ilusiones. Paul Auster.

Invisible. Paul Auster.

La piel de zapa. Honoré de Balzac.

Homero, la Hiliada. Alessandro Baricco.

Los bárbaros. Ensayo sobre la mutación. Alessandro Baricco.

La busca. Pío Baroja.

Una novela francesa. Frédéric Beigbeder.

Opiniones de un payaso. Heinrich Böll.

El Aleph. Jorge Luis Borges.

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Musica : exquisitez imperfecta

La noche del miércoles el corazón de Malasaña guardaba celosamente una cita con el pop más exquisito. El estilo de Agnes Obel mezcla, sin mucho riesgo, los omnipresentes teclados de Yann Tiersen (y su revisionismo folk europeo) con unos jugueteos vocales que beben de lo más accesible de Björk y Hanne Hukkleberg. Una propuesta inicialmente atractiva, pero con riesgos de aburrir. En el escenario se veía un piano, un arpa, un chelo y una guitarra acústica. Instrumentos bonitos, sí. Instrumentos-nana, también.

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