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"PANCHO"

REFRANERO INFORMÁTICO.

A mí lo que más bronca me da en todo el mundo es que sigamos usando refranes pasados de moda, como por ejemplo la clase de cuchillo que hay en la casa del herrero. Con la mano en el corazón, ¿alguien vio alguna vez a un herrero? No. ¿Alguien sabe qué carajo era un herrero? Menos. ¿Entonces por qué usamos esa frase? ¡Porque somos cómodos!
Es increíble que en plena época del microondas sigamos diciendo que en todas partes se cuecen habas. ¡Mentira señores, ahora las habas vienen en lata! Por eso y muchas cosas más, en el artículo de hoy vamos a acabar de una vez por todas con esta farsa.

Hay algo que está claro: no podemos prescindir de los refranes. Nadie sabe por qué, pero cada dos por tres nos vemos en la obligación de ilustrar lo que decimos con una frase hecha, más o menos ingeniosa, de autor anónimo o popular. ¿Por qué? Porque somos pelotudos.

Si fuera por mí, prohibía terminantemente el uso de este recurso. Más que nada porque nos convierte en autómatas.
Yo he visto gente —gente grande, gente con la camisa adentro— repetir refranes como cotorras sin tener la más zorra idea del significado de la metáfora. O de la sinécdoque, o de la metonimia. Y si me apuran soy capaz de decir cinco o seis palabras raras más. Pero no, mejor vamos al grano (¡ahí está, dije “vamos al grano” y no tengo la más remota idea de por qué!).

Yo tengo la teoría de que en alguna época los refranes tuvieron sentido. Me imagino que eso fue hace mucho, cuando en el mundo había herreros con cuchillo, caballos regalados, pan con cebolla y sarna con gusto. Pero hoy ya no existe todo eso, gracias a Dios y a la Virgen. Por esa razón es hora de que nosotros, la juventud de este país, nos pongamos las pilas y les dejemos a nuestros hijos refranes más modernos y aplicables.

Yo preparé unos quince, como para ir empezando. Tuve mucho cuidado de mantener la forma figurada, y de lograr que encierren, cada uno de ellos, enseñanzas morales de profunda sabiduría. De

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