x

Uso de cookies

Utilizamos cookies propias y de terceros para mejorar nuestros servicios y mostrarle publicidad relacionada con sus preferencias mediante el análisis de sus hábitos de navegación.
Si continúa navegando, consideramos que acepta su uso. Puede obtener más información, o bien conocer cómo cambiar la configuración, en nuestra Política de cookies

Buscar ...

  El suministro del racionamiento era tan irregular e imprevisible que durante semanas se proveía a la población por ejemplo de aceite, bacalao y jabón, en otras de pasta para sopa, azúcar y un huevo o garbanzos, tocino y carne de membrillo.
   Debajo de mi casa, en la esquina de Eulalia Gil, estaba el almacén de comestibles de La Madrileña, lugar donde eran recibidos los alimentos para toda la población de Carabanchel y de  donde eran retirados por los carreteros que los transportaban a las distintas tiendas del pueblo para ser dispensados a la población previo pago de su importe.
   Allí acudían, todas las semanas cuatro o cinco carros tirados por escuálidos animales y regidos por pintorescos carreteros (el tío Ángel, a quién faltaba una pierna, Pedro, a quién después de muchos años he identificado en Navafría, y tres o cuatro más). Se ayudaban los unos a los otros a subir la carga de sacos y bidones a los carros. Para subir los bidones utilizaban dos gruesos palos de pino a los que se había unido una pieza de hierro    que hacía más segura su unión a la trasera del carro, y una vez colocados se procedía a empujar entre dos o tres personas el correspondiente bidón hasta que era situado en el interior del carro, donde se calzaba para evitar que se moviera. A veces alguno de los empujantes no seguían el mismo ritmo que los demás y el bidón se inclinaba peligrosamente por ese lado y alguna vez llegó a caer y a reventarse empapando de aceite a determinado joven trajeado que iba de visita al Hospital Militar.
- ¡No, nada, … No ha sido nada! - decía el pobre hombre mirando su traje y sin atreverse a poner la mano encima.
- ¡Eso se quita con polvos de talco! - dijo con voz de sabionda Matilde, la joven cajera de La Madrileña.
   Mis hermanos y yo, que estábamos en el balcón observando la carga del carro del tío Ángel, no pudimos evitar un enorme carcajada a la que se unió un coro: el de todos los que estaban allí trabajando.
   En aquella época había un dicho generalizado:
- " En mi casa no comemos, pero nos reímos más …"
   Se llegaron a confeccionar tortillas sin huevo, guisos sin carne, fritos sin aceite, dulces sin azúcar, café con trigo tostado; hicieron pucheros con huesos, cocidos sin garbanzos ni patatas, embutidos de pescado.

 Por nuestra parte, mis hermanos mayores y  yo, tratábamos de solucionar nuestra penuria alimenticia ayudando a Sr. Diego, el vaquero, que tenía 25 vacas lecheras en una finca que parecía un corralón, donde estaba construida una nave corrida que contenía tanto las cuadras como su vivienda y el despacho de leche. Se entraba a dicha finca por un callejón del paseo de Muñoz Grandes, en cuya esquina se hallaba el hotelito donde vivía Carlos Hernando, el constructor, que tenía una tienda de materiales de construcción al comienzo de la calle Empedrada, pero eso no viene ahora el caso, lo que sí viene es que en ayudábamos al Sr. Diego a limpiar de la cuadra, pesebres y excrementos incluidos, sacando las basuras hasta esquina de su corralón que daba a la explanada de la plaza de toros. Nuestro juego-trabajo era recompensado habitualmente con un puñado de lo que llamábamos " garrofa", que no era ni más ni menos que el fruto largo del algarrobo que él traía para dar de comer a las vacas y que nosotros comíamos con fruición. Como era de suponer volvíamos a casa con un apestoso olor a vacas. Nos reprendían, pero no nos enmendábanos de ninguna manera, porque ese " entretenimiento" venía a reforzar a diario nuestra merienda.

 

Chiste:

  Algebra de la vida:

Hombre(casado + divorciado)+vuelto a casar = estúpido al cuadrado.


011
Última foto del fotolog de corremundos
corremundos · El 26/01/2013 a las 18:44

¡Hola Pablo!

Esto si que es memoria histórica, y no esas leyes que se inventan los políticos. Como te decía en mi anterior visita yo soy algo posterior. No recuerdo las cartillas de racionamiento, pero si que era todavía época de escasez, para una parte de la población, que tenia que "mirar mucho la peseta" para llegar al sábado, día de cobro, y escuché más de una vez esa frase que mencionas, " En mi casa no comemos, pero nos reímos más …".

Es un placer leer estos recuerdos. Saludos

Última foto del fotolog de violemivi
A violemivi le gusta esto · El 28/01/2013 a las 11:39

Deja ahora tu comentario...
ó conectate a miarroba y comenta con tu usuario
1000