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El fotolog de maravillas10
RECUPERANDO PALABRAS

En esta ocasión os traigo el término ‘desantañarse’, un vocablo que no aparece recogido en el diccionario de la RAE desde hace más de dos siglos (la última vez que lo hizo fue en la edición publicada en 1783). A pesar de llevar tanto tiempo desaparecida del diccionario, no deja de ser una palabra la mar de curiosa y cuyo significado literal era ‘Quitarse los años disimulándolos y ocultarlos’Y es que siempre ha habido personas que han querido presumir de ser más jóvenes de lo que realmente eran y que se han quitado años.

Aunque el término fue retirado de diccionario de la RAE, a finales del siglo XVIII (fue recogido por primera vez en el Diccionario de Autoridades de 1732), siguió apareciendo en otras obras de consulta y libros enciclopédicos hasta bien entrado el siglo XX, pudiéndolo encontrar en el Diccionario de la Lengua Española realizado por el académico José Alemany Bolufer y publicado por la editorial Sopena en 1917. ¿Soy el único que piensa que ya va siendo hora de recuperar la palabra ‘desantañarse’?

(Alfred López)


La vida de las palabras es algo fascinante, ya que nacen, se extienden y acaban desapariciendo por falta de uso. Yo me uno también a la petición de López de recuperar este vocablo, "desantañarse", que refleja a la perfección lo que quiere decir, quitarse años. Un hecho de lo más habitual a lo largo de los siglos y creo que es algo consustancial a la humanidad, y no específicamente de hombres y mujeres. Bien es verdad que cada vez es más difícil que cuele alguien que se quita años. Los famosos, imposible, porque todo está en internet, y los de a pie porque siempre habrá alguien de nuestra promoción que nos lo recuerde. Esto se ha visto mucho en las colas de las vacunas donde hemos coincidido las personas de la misma edad. 

Personalmente la idea de quitarse años no me gusta, porque se acaba sabiendo y además siempre es más gratificante que alguien te diga que no das de la edad que tienes a que te echen más años de los que tú confiesas. Otra cosa es el cuidarse, disimular los años y el paso del tiempo para dar una imagen lo más presentable posible. Todos tendríamos que intentar desantañarnos...y lucir tan lozanos como esta réplica de un galeón anclado en el Guadalquivir.

Besos.


022
TAMBIÉN LA ALTURA ES RELATIVA

La altura es la preocupación de muchos usuarios. Por ello, la pregunta es ¿cuándo somos más altos por la mañana o por la noche? Lo cierto es que no tenemos la misma altura a primera hora de la mañana que cuando nos vamos a dormir por la noche. El por qué está científicamente probado: se trata del tamaño de nuestras vértebras.

En total el cuerpo humano registra 24 vértebras entre las que hay un disco intevertebral que hace las veces de una especie de almohada que se va amoldando a medida que pasa el día. Este es el principal motivo por el que a lo largo del día nuestra altura va disminuyendo. Por ello, cuando nos levantamos como estamos totalmente descansados nuestros discos intevertebrales regresan a su tamaño habitual, así nos encontramos más altos.

(Salamanca 24horas)


En la vida todos sabemos que vamos creciendo hasta alcanzar nuestra altura en la juventud y que a partir de cierta edad nos vamos encogiendo. De ahí esa expresión de algunas abuelas a sus nietos: "Hijo, tú vas para arriba y yo voy para abajo". Nos vamos encorvando sin darnos cuenta a medida que las vértebras se van desgastando. Eso es así, pero lo que yo no sabía es que dentro del mismo día, somos más altos en unas horas que en otras. Nos levantamos más "estirados", al tener las vértebras descansadas y a lo largo del día nos vamos encogiendo. Es algo científico en lo que no me había parado nunca a pensar. 

Lo que sí es verdad es que la postura a la hora de andar influye en la percepción de la altura, además de ser la causante de problemas de espalda. Total, que nada es lo que parece. Fijémonos en esta foto por la que pido disculpas al estar el objeto dentro de una urna de cristal y salir varios reflejos. ¿Qué podríamos pensar que es? Es evidentemente un precioso carro de plata que representa a Neptuno, tridente en ristre. Pero si yo os digo qué es... un salero...

Besos.

044
VERDADES Y VERDADES

«Verdad es la coincidencia entre una afirmación y los hechos». Cierto que en otros tiempos menos confusos que los nuestros la verdad no siempre se compadecía con los hechos. Pero entonces se llamaba 'mentira' y todo el mundo, incluidos los mentirosos, sabían la diferencia entre una y otra.  Ahora la verdad es comodín multiuso que lo mismo vale para un roto que para un descosido, para un hecho incontrovertible como para una monumental trola. Tal vez por eso la palabra 'verdad' no solo requiere la yuxtaposición de adjetivos calificativos (verdad oficial, verdad aceptada, posverdad…), también ha sufrido la curiosa metamorfosis de convertirse en sinónimo de otros términos de significado contrario. No creo que sea casual, por ejemplo, que donde antes se decía 'verdad' ahora se diga 'relato' o 'versión', dos palabras que, hasta hace bien poco, se asociaban más frecuentemente a 'mentira'.

Otra particularidad de la verdad, tal como la entendemos en nuestros días, es que ha dejado de ser algo objetivo para volverse subjetivo, personal, opinable. Y, como según los mandamientos de la sacrosanta corrección política, todas las opiniones —incluso las más estrafalarias y absurdas— son respetables, por extensión lo son también todas las verdades. Cualquier  persona puede tener la suya. O incluso varias y contradictorias, de modo que, parafraseando a Groucho Marx, uno puede decir aquello de «Esta es mi verdad; si no le gusta, tengo otras».

(Carmen Posadas)


No hay término que haya cambiado más con el tiempo que el de la verdad. Algo que no debería admitir interpretaciones, cada vez está más cuestionado. Está visto que no existe la verdad absoluta y que cada uno de nosotros tiene su verdad. Estoy de acuerdo con Posadas cuando dice que se confinde verdad con opinión, que éstas sí es normal que difieran, pero sobre todo cuando se le endosa un adjetivo ya estamos perdidos: verdad oficial, verdad aceptada, verdad oculta, etc.  Y alguien lo repite un par de veces y ya está la expresión acuñada: mi verdad. Verdades a la carta. Y cuando más se banaliza la verdad, más se fomenta la mentira. Esto es así. Y nos tragamos todas las trolas y disparates que nos endosan.

Aquí en la foto tendríamos que ver todos una gran verdad: la mascarilla que nos protege a nosotros y a los demás, a la gente que hace lo que debe hacerse. Pero esta visto que siempre habrá alguien con otro "relato" que diga que no es verdad, que la verdad buena es la suya. Hay cosas que no deberían ser ni subjetivas ni opinables, pero así nos va.

Besos,

043
QUITARSE EL SOMBRERO

En materia de sombreros, la línea que separa lo correcto de lo ridículo puede ser sutil. Uno debe buscar modelos que encajen con su aspecto físico y su forma de vestir.  Mientras que una señora no ha de quitarse el sombrero casi nunca, los varones sí deben hacerlo. Eso es lo que marca la diferencia entre un usuario habitual y un aficionado o alguien con mala educación. En cuanto a lugares, hay una regla básica: quitárselo siempre bajo techo, sobre todo en iglesias y lugares o momentos de respeto, excepto en eventos deportivos, transportes, ascensores y edificios públicos como aeropuertos, estaciones de ferrocarril y grandes galerías comerciales. En cuanto al saludo a otras personas, la tradición exige quitárselo al saludar a una señora, a un amigo muy apreciado o a una persona mayor. Para pedir disculpas, agradecer algo o saludar al paso de un conocido, un ademán adecuado —que observé a menudo en mi padre y mi abuelo— puede ser tocarse con el pulgar y el índice el ala del sombrero.

En realidad, y esto también lo decía mi abuelo, que los usó toda su vida —mi padre sólo hasta principios de los años 70—, lo importante de un sombrero no es tanto llevarlo en la cabeza como saber cuándo quitártelo y qué hacer con él si te lo quitas. Un sombrero es todo un ritual. Casi una liturgia. Y de ahí su encanto.

(Arturo Pérez-Reverte)


Cuando el frío arrecia un sombrero masculino o una gorra tipo inglesa son muy útiles y pueden ser muy elegantes a la hora de completar un atuendo. Pero es cierto lo que dice Arturo de que no todo el mundo sabe cómo llevarlo y sobre todo elegir el más adecuado, dependiendo de la altura o complexión física. En las señoras se usan menos por cuestión de más abundancia de cabellera pero también son un signo de distinción. Y son muy socorridos para evitar la lluvia y la humedad del ambiente que encrespa el pelo.

Pero me quedo con el segundo párrafo en el que precisa que más importante que saber llevarlo es saber quitárselo. SE hace sobre todo para expresar respeto o saludar a alguien y al entrar en ciertos lugares. De ahí la expresión de "quitarse el sombrero" en señal de admiración por algo. En este caso, todos deberíamos quitárnoslo al contemplar la preciosa Plaza de España de Sevilla, como lo lleva quitado el escultor Aníbal González desde la estatua donde parece admirar su obra arquitectónica. Ya sé que la foto es un poco postalera, pero me gusta.

Besos.

033
CONVERSACIONES AJENAS

En la cafetería del tren, dos hombres y una mujer devoran sendos sándwiches de atún que huelen muy fuerte. Tienen una presentación importantísima a un comité. No consigo entender de qué es el comité ni lo que presentan. Podrían ser empleados de una empresa de urnas funerarias o publicitarios que acaban de abrir una empresa de contenidos para marcas. Manejan conceptos estadísticos que desconozco, por momentos me parece que son de algún sindicato, en otros momentos creo que tienen que ver con algo del textil o algo.

La mujer juega a ser uno de los chicos, ríe, bromea, gesticula. Bebe directamente de la lata de coca-cola zero. Dice la palabra fatídica 'sinergia'. La dice dos veces. Los otros asienten. Los camareros de la cafetería sortean los saltos del tren admirablemente. Suelen ser muy amables y se disculpan de la escasa oferta de la que disponen: recomiendan invariablemente el bocadillo de jamón ibérico. Ojalá les hubieran hecho caso los del informe importantísimo. Sólo espero que lleven chicles de menta para mascar antes de su presentación al comité; el atún deja un aliento francamente desagradable. Vuelvo a mi asiento sintiendo un estupor creciente sobre el mundo en el que vivo y un cierto enfado conmigo misma. Si no consigo entender a personas que están literalmente a metros de mí, ¿cómo voy a entender lo que está ahí fuera?

(Isabel Coixet)


Cunado alguien viaja solo, y más concretamente en tren donde la gente se levanta, se pasea, va a la cafetería, habla con las personas que le acompañan, sin querer por supuesto, acabas observando actitudes, gestos, escuchando conversaciones ajenas y a poco que oigas te haces una composición de lugar acerca de a quien tienes delante. Es lo que escribe en estas líneas Coixet. Según van hablando en el grupo intenta adivinar cuás es la actividad que realizan y a qué van en este viaje. Y  termina diciendo que no entiende de qué hablan en un mundo del que ella no se siente partícipe.¡Qué diferentes somos los humanos entre nosotros!

Y no digamos nada de cuando nos toca oir, sin pretenderlo, una conversación por teléfono. Recuerdo perfectamente un viaje en bus desde Valladolid a Salamanca con una compañera viniendo de un congreso. La hora y media que duró el trayecto nos lo amenizó un tipo del asiento de atrás hablando con una mujer a la que debía pretender y que le había dado calabazas. Estaba muy indignado y fue subiendo de tono. La última frase que escuchamos mientras las dos nos mirábamos cómplices fue la siguiente: "Hija, tú ya tienes una edad y no estás para ir de exquisita". Al llegar a la estación no pudimos por menos que mirar cómo era el patoso de detrás y nos quedamos horrorizadas de la pinta que tenía. Comprendimos a su interlocutora...

Palabras sueltas, direcciones confusas, como la de este letrero del sevillano Barrio de Santa Cruz.

Besos.

033