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El fotolog de maravillas10
LUCES QUE SE DUERMEN

Va a dormirse una luz sobre mi frente
una luz en el cuarto este que toco
en el cuarto este de aguas que no bebo
de hojas mal impresas
y de estufas calientes.
Va a dormirse una luz
una luz que se estira en varias líneas
que no tiene
ni boca
ni estornudos
ni dedos para pies
ni pies sin dedos
sobre mis dientes mordiendo una manzana.
Va a dormirse una luz
hasta mañana.

(Humberto Megget)

El momento en el que nos entregamos al sueño parece que se apagan todas las luces, pero es solo para nosotros porque las luces de la noche siguen encendidas para los que no descansan en sus camas. Son las luces de las calles, de las plazas, de los parques. La luz se duerme en nosotros hasta el día siguiente, pero no para todos.

Este es el aspecto del parque de al lado de mi casa. Si miro por la ventana lo veo y si lo atravieso esto es lo que me encuentro, todavía de noche a las siete de la tarde, vacío, con sus farolas luminosas y con esa extraña luz verde que ahora proyectan hacia abajo. No sé cuál será su utilidad, pero estéticamente es bonita, me gusta.

En un par de meses a esta misma hora el parque estará lleno de niños que se columpian, que juegan, que saltan y chillan. Le dan la vida que ahora no tiene, sólo vive en él la luz artificial hasta que llegue la del día.

Besos.

023
A CUESTAS CON LA TEMPERATURA

Lo dicen los libros de Medicina y todo el mundo lo sabe: la temperatura media del cuerpo humano es de 37 grados. Ahora, un equipo de investigadores de la Universidad de Stanford, en California, acaba de demostrar que eso no es cierto. Y que de hecho, por lo menos en Estados Unidos, la temperatura media corporal es casi medio grado más fría de lo que era hace 150 años.

En palabras de Julie Parsonnet, una de las autoras del estudio recién publicado, los médicos que estudian la temperatura corporal saben, desde hace décadas, que 37 grados es demasiado alto, "pero siempre habían pensado que se trataba de un error de medición en el pasado y no de un auténtico descenso de la temperatura en los seres humanos". Una vez descartado que el "enfriamiento" del cuerpo humano en los últimos 150 años sea una simple ilusión achacable a sesgos en las mediciones, los investigadores trataron de averiguar por qué nuestros cuerpos están cada vez más fríos. "En mi opinión -explica Parsonnet- la razón más probable es que, desde el punto de vista de la microbiología, somos muy diferentes de lo que éramos". De hecho, las personas de la actualidad padecen menos infecciones gracias a las vacunas y los antibióticos, por lo que nuestro sistema inmunológico está menos activo y nuestros tejidos corporales menos inflamados.

(José Manuel Nieves)


EStos últimos días, al menos por mi tierra, anda el personal quejándose del frío y es cierto que lo hace, vaya que sí. Aunque parece que el hecho del calentamiento global es algo fuera de toda duda, y que la temperatrura está subiendo cada año más, poco a poco. No hay más que ver el deshielo de los polos y la imagen esa que dio la vuelta al mundo en la que se veía a los pobres osos polares esqueléticos buscando comido en las ciudades. 

Pero de lo que yo no tenía ni idea es de que, por contraste, cuando más sube la temperatura atmosférica más baja la corporal. Por lo visto lo de los 37º ya puede ser considerado un episodio de febrícula, porque ahora es de 36.5º la que marca la normalidad. No es que nos hayamos "enfríado", dicen los especialistas, es cuestión de nuestro sistema inmunológico que ha cambiado.

Para frío el que da esta foto con la cencellada, que ocurre cuando la niebla se hiela y parece que ha nevado, pero no. A abrigarse, al menos por aquí.

Besos.



045
POBRE BARÓN DEL BIDÉ

Esta pieza de loza para la higiene íntima alcanzó un cénit en los años 60 cuando su instalación prestigiaba el cuarto de baño y, en consecuencia, a la familia que lo poseía (otro cosa ya era que se usara). Hoy está en vías de desaparición, pues los fabricantes explican que las ventas han disminuido un 60% en la última década. El bidé, que hoy en día se considera una molestia que ocupa espacio en el cuarto de baño, afronta una lenta agonía. Las tazas con chorros o las pequeñas duchas auxiliares parecen ganarle claramente la batalla. “Es la pieza de loza que actualmente menos se instala. Muchos clientes optan por eliminarlo y añaden que la razón principal es que así se gana bastante espacio para colocar en su lugar, por ejemplo, un mueble auxiliar  

La sorpresa ante algo llamado bidé no solo es propia de los jóvenes sino de cualquier cultura ajena a la española y la francesa. Cuentan que el origen del invento ha de situarse en la Francia de finales del siglo XVII. Parece que su objetivo primigenio no era tanto la higiene como aliviar las molestias que sufrían los jinetes cuando se pasaban horas y horas cabalgando. El bidé fue rápidamente abrazado por la familia real francesa y, desde entonces, adquirió categoría y simbolizó cierto prestigio. Por cierto que entonces se ubicaba en el dormitorio y no en el cuarto de baño. Leyendas e historietas en torno al bidé las hay de toda clase, gusto y color (también más y menos escatológicas), pero baste el botón de muestra de que Madame Pompadour, amante de Luis XV, usaba uno de madera de haya y que Napoleón legó el suyo en herencia a su vástago. 

(C. P. B.)


Es verdad que en muchos de los hoteles más modernos esta pieza ha desaparecido y lo mismo en las casas de nueva construcción han sido sustituidos por los chorros de la taza que tienen los japoneses en cualquier baño. Algo más cómodo, más moderno y hasta con calefactor incluido. Las modas cambian. Quién se lo habría dicho al famoso Barón del Bidé de la Trinca, que tanta gracia nos hizo hace ya varias décadas,“que especulaba con la posibilidad de tomar baños de asiento sin perder la dignidad”. Y aunque todo lo que cantan es muy aproximado a la realidad (sobre todo, lo de “una palangana con el chorro incorporé”), parece poco verosímil que la Bastilla se tomara por democratizar el bidé.

https://www.youtube.com/watch?v=NYDomSSPhXw

Y otra cosa que cada vez se ve menos son las bañeras. Todos acabamos decantándonos por los platos de ducha, más estéticos, planos y más fáciles de acceder. En fin , las cosas evolucionan y habrá que irse acomodando a las circunstancias, pero hay aún en algunos hoteles con encanto algunas bañeras antiguas con unos grifos que son una preciosidad. Como en este hotel de Carmona.

Besos.

035
ALIENÍGENAS

Estamos acostumbrados a escuchar o leer el término ‘alienígena’ relacionado únicamente con los extraterrestres y todo aquel ser proveniente del espacio y otros planetas.  Dicho vocablo tomó mucha popularidad hace cuatro décadas a raíz del estreno de la película ‘Alien: el octavo pasajero’ dirigida en 1979 por Ridley Scott y protagonizada por Sigourney Weaver.

Hasta entonces a aquellos seres provenientes de otros planetas o mundos se les conocía comúnmente como ‘extraterrestres’ o ‘marcianos’ y, de forma ocasional y menos usada, ‘alienígena’ o ‘alien’ (su forma en inglés). Pero originalmente el término ‘alienígena’ no era utilizado para referirse a los extraterrestres sino a los extranjeros.

Etimológicamente proviene del latín ‘alienigĕna’, cuyo significado literal era ‘de otra tierra’ o ‘de otro origen’, y se utilizaba para hacer referencia a aquellas personas que no habían nacido en el Imperio Romano (que procedían de otros lugares) e incluso a las mercancías no autóctonas que llegaban a Roma. También se utilizaba el término en latín ‘alienigĕnus’ (alienígeno en español) cuyo significado es ‘extraño, no natural’.

(Alfred López)


Dicen que hay otros mundos pero están en éste. No sé si estarán con nosotros pero de lo que sí que estoy convencida es de que los otros mundos están habitados en un modo que escapa a nuestra razón. Siempre se ha hablado de "marcianos" a la hora de referirse a seres de otros "planetas", verdes y con brazos y piernas muy largos, o simplemente extraterrestres, en general. Lo de alienígenas es más moderno, en principio, pero como se puede leer en este texto es un término que se remonta al latín, alien es el otro, el que no es de aquí, el extranjero.

Personas que reúnen estas características, que no son de aquí, que son raras y no naturales las encontramos sin salir de la tierra; están entre nosotros, eso está claro. Solo hay que mirar alrededor. No merece la pena intentar contactar con los más lejanos. Los que saben de esto afirman lo siguiente: “Yo prefiero intercambiar ideas con las aves en la tierra  que aprender a llevar a cabo comunicaciones intergalácticas con una raza humanoide.”

Pues de aves se trata esta foto. Mirad cómo comparten espacio gorriones y palomas, surgiendo del seto. Intercambiando ideas, claro.

Besos.

025
¿CÓMO TE LLAMABAS?

A muchas personas les cuesta recordar el nombre de alguien que acaban de conocer. El cerebro pasa página y no considera que ese sea un dato importante, lo que puede llevar a situaciones embarazosas más tarde, o inmediatamente después, cuando nos toca presentar a esta misma persona. ¿Por qué ocurre esto? Las interacciones sociales producen cierta ansiedad, mayor aún cuando se trata de alguien introvertido, y este nerviosismo afecta a la memoria. Afortunadamente hay trucos para superar este obstáculo. Debes comprender lo importantes que son los nombres para todas las personas y lo mal que nos sienta que alguien olvide el nuestro. Una forma de fijar el nombre en la memoria es usarlo inmediatamente, por ejemplo, repetirlo en voz alta si no lo has entendido bien, o presentar a la nueva persona a alguien que te acompañe o que te parezca interesante. Cuando te despidas, usa su nombre de nuevo y lo recordarás la próxima vez.

(Darío Pescador)


El no recordar el nombre de las personas es un hecho tan habitual que a todos nos pasa pero que puede ser de lo más violento en ciertas ocasiones. No hablo de no reconocer a las personas que ese es otro cantar y es más complicado cuando el otro sí que te recuerda. También para esa contingencia hay trucos que te permiten a lo largo de la conversación poder "adivinar" con quién hablamos sin que se note nuestro despiste. Mi padre en ese campo era un auténtico maestro. Podía estar hablando con alguien un buen rato y reconocer después que no sabía quién era. Y lo bueno es que no se lo notaban.

Pero lo de olvidar nombres o cambiarlos pasa mucho. No recordarlos al momento o después de tiempo sin coincidir. En mi caso, al conocer a tanta gente ya desde tantos años atrás es más que posible. Y casi perdonable. Lo peor fue cuando me pasé todo un curso llamando a un chico por un nombre que no era el suyo y como no me corrigió no me sacó del error casi hasta el final. Fue un auténtico planchazo.

A ver quién es el guapo capaz de memorizar los nombres de todos los de la foto en las escaleras del Sacré-Coeur en el parisino Montmartre.

Besos.


035