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Mozas y mozos


   A los compromisos de boda les solía preceder un tiempo más o menos largo de noviazgo. Un noviazgo regido por reglas y vigilancia paterna y adulta estricta, ya que, normalmente, las mozas se veían obligadas a hacer una vida social nítidamente separada de la de los mozos. Por ejemplo, según me cuenta mi informante Guillerma, «nos dedicábamos por las noches, luego en Navidad, a hacer flores a la Virgen, a regalarla una corona. Y había dos grupos de mozas. Y las que teníamos dieciocho años pues era un grupo, y las que eran mayores pues era otro grupo, y ésas ya estaban más asentaditas. La tía Andrea estuvo dirigiendo a una cuadrilla, y nosotros nos dirigía otra».

     Había momentos, sin embargo, para los encuentros galantes entre ambos sexos, que se desarrollaban en dos escenarios principales: «todos los domingos nos reuníamos en una casa de concejo del pueblo, del Ayuntamiento, sólo los domingos; y allí teníamos unos bancos alrededor y cada uno se arrimaba a la que ya quería pretenderla. Y al ir a por agua a la fuente, también. Ibamos a por agua con el cántaro, y luego los chicos que querían hablar contigo, pues cuando volvíamos de la fuente, nos echaban un puñadito de tierra, de arena, la cogían del suelo y le echaban en el cántaro para volver. Y ya tenía que volver ella a por el agua a la fuente y ya él la acompañaba. A veces nosotras [nos poníamos] a tirarlos el agua, y era una fiesta, y los regábamos. Ni fumaban ni nada, ni es como ahora, ni bebían ni nada. La gente normal y bien».

     Cuando Guillerma era joven, las relaciones normales entre mozos y mozas sufrieron el trastorno de la guerra:

    -«Y nosotros tuvimos la desgracia que fue en guerra. Dieciocho años tenía cuando en guerra. Y me acuerdo que ahí de Navafría bajaron los militares y éramos la tía Dominica, tu madre, la tía Julia... una flor de mozas, sin alabarnos, pues era de una estatura regular, casi yo la más pequeña. Bueno, pues resulta que venían los militares. Ay, a nosotras nos veíamos en un compromiso. Y todos querían bailar con nosotras. Ay, qué bien nos lo hemos pasao, ay, qué bien nos lo hemos pasao. Pero estábamos bien vigilaos, y bien, y era a estas horas. A las cinco de la tarde bajar la escolta de Navafría, el regimiento... ahí no se cabía de gente, doscientos militares. y pobrecitos. Pues los dieron libertad a bailar, y con todas las chicas. ¡Y aquí había una flor de chicas! Una quincena o veinte. Y todas querían bailar. Otros eran más cobardes, como todo pasa. Pero, al remate, pues, las chicas que teníamos dieciocho años lo pasábamos bien. Nos cogía uno y nos soltaba otro, y to's querían... Y en el pueblo no había jóvenes, no había mozos, na'más las chicas. Había alguno que le dieron de baja, a Miguelán. Y estábamos con las ovejas y salían a los cerros: "¡Ya viene Miguelán". Y casi le temblábamos. Porque era el único» .

       En épocas normales, libres de las sombras bélicas, la relación entre ambos sexos era más natural y agradable, rodeada de códigos y ritos llenos de interés. Uno de los puntos culminantes de los ritos de galanteo era el de las enramadas que los mozos hacían a las mozas de sus preferencias:
    -«Cogían las flores en el campo, y a cual más bonita las podía poner. Las enramadas se ponían de cantueso, de rosas de Alejandría, iban los mozos a los praos a por lilas, las flores de mayo, la retama, amarilla. Y uno se lo puso con naranjas alredor. Una docena de naranjas que casi no había, adornada con rosas también. Se subían al tejao y enfrente la puerta ponían una enramada así de flores, el día del Señor, el día del Corpus. Poníamos altares en toa la plaza. Se subían en lo alto de los tejaos, y entre dos amigos, los que eran más amigos, cogían y se ayudaban el uno al otro. Y cada uno andaba por su tejao. Luego se hacían rosquillas, las chicas hacíamos rosquillas, las madres nos daban para hacer rosquillas, y luego en esa casa de Ayuntamiento pues llevábamos las rosquillas cada una en nuestro cestito y comíamos allí las rosquillas todos los jóvenes. Y nos lo pasábamos de maravilla».

    Sobre todo durante los meses de calor, las rondas nocturnas de cuadrillas de mozos a las puertas de las mozas se veían acompañadas de canciones.

Autor: PEDROSA, José Manuel


¡¡Igualito que hoy!!



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A violemivi le gusta esto · El 25/04/2012 a las 12:42

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violemivi · El 25/04/2012 a las 12:43

Que bonito!!...
Feliz dia @parori1965, y un besito también

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hugosastre · El 25/04/2012 a las 13:14

muchas gracias por tu opinion Parodi, lo valoro mucho

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